La economía del fraude inocente, de Galbraith

Leo en Guía de Gerencia (Pedro Robledo), un muy interesante artículo que resume los puntos más importantes del libro “La economía del fraude inocente”, del economista estadounidense John Kenneth Galbraith. Una de los mejores hábitos que he desarrollado a lo largo de los años es el de la crítica, como vehículo de crecimiento personal. Por eso, después de leer detenidamente el artículo de Pedro, y valiéndome de mi sentido crítico, decidí hacer un poco de abogado del diablo.

Me parece que el discurso de Galbraith, de alguna forma, comete exactamente el mismo pecado que denuncia: trata de manipular al lector contando un montón de obviedades, y en muchos casos, cayendo en la demagogia. Imagino que fue fruto de su avanzada edad, de saberse de vuelta de todo, de pensar, bienintencionadamente, que debía abrir los ojos a un público ignorante. Pero eso no lo exime de su responsabilidad. En mi opinión, argumentos como los de Galbraith son muy dañinos, porque soliviantan a una sociedad que continuamente está buscando la forma de eludir su propia responsabilidad de lo que sucede en el mundo.

Iba a dejar mi comentario en el blog de Pedro, pero dada su extensión, preferí escribir este artículo y dejarle un pingback. Esta es mi opinión, a veces un poco sarcástica, lo reconozco, sobre la mayor parte de las ideas de Galbraith que expone fantásticamente Pedro en su artículo. Allá voy, con todos mis respetos al profesor Galbraith (Q.E.P.D.).

Galbraith dice:

La innovación y el desarrollo de los productos son funciones fundamentales en la economía y ningún fabricante importante introduce un nuevo producto sin promover su demanda entre los consumidores, así como tampoco renuncia a los esfuerzos por influir y sostener la demanda de un producto ya existene. Aquí entra en escena el mundo de la publicidad y el marketing, de la televisión y la manipulación del consumidor, todo lo cual erosiona la propia soberanía de este último. En el mundo real, las empresas productoras y las industrias llegan muy lejos en su afán de fijar los precios y crear la demanda […]

Tratar de vender lo que uno fabrica es lo más lógico. Nadie trabaja sin una compensación, ya sea pecuniaria o moral. Además, todos manipulamos constantemente para conseguir lo que queremos. Forma parte de la naturaleza humana, del egoismo innato que nos ha permitido sobrevivir durante milenios. ¿Dónde está la originalidad e importancia de esta idea? ¿Es que alguien todavía no sabe que la publicidad está ahí para convencernos (i.e., manipularnos)?

Tanto votantes como compradores pueden ser manipulados, y la gestión de la respuesta pública es formidable y cuenta con una excelente financiación, en especial en la era de la publicidad y las modernas técnicas de promoción de ventas. He aquí un fraude aceptado, incluso en el discurso académico. En cuestiones políticas y electorales, la persuasión de las masas por medio de la televisión y la oratoria tiene un efecto reconocido sobre la elección del votante, y esto explica las ingentes sumas de dinero que se invierten en esos ámbitos […] El dinero que las empresas destinan a esta actividad es considerado un gasto normal de cualquier negocio, y como tal se le reconoce públicamente.

Lo que la mayoría de nosotros votamos, en general, no es producto de ningún fraude, sino de partidismo (somos hinchas, no votantes). Y el que resulta manipulado lo es, no como resultado de la publicidad manipuladora, sino de su propia comodidad y, muchas veces, una ignorancia autoinducida. Es más cómodo que los demás piensen por ti que hacerlo por ti mismo.

Cito del diccionario de la Real Academia Española: “Fraude. 1. m. Acción contraria a la verdad y a la rectitud, que perjudica a la persona contra quien se comete.” Insisto, no conozco una verdad más grande que el hecho de que todos manipulamos para conseguir lo que queremos: nos maquillamos para conquistar a un chico, “engordamos” nuestro currículum vitae para conseguir un empleo, decimos por TV lo bueno que es nuestro partido político y lo malos que son los demás. En todos los casos, las distintas partes son conscientes del papel que juegan, y lo aceptan. ¿Dónde está el fraude?

La creencia en una economía de mercado en la que el consumidor es soberano es uno de los mayores fraudes de nuestra época. La verdad es que nadie intenta vender nada sin procurar también dirigir y controlar su respuesta.

Que no somos soberanos es cierto. Que nunca nos ha interesado serlo, también lo es. A los seres humanos nos gusta ser borregos porque, nuevamente, eso es mucho más cómodo que tomarnos la molestia de analizar y tomar nuestras propias decisiones. ¿Fraude o estupidez?

El progreso económico y, en general, social se mide hoy por el aumento de la producción total de bienes y servicios, lo que denominamos Producto Interior Bruto (PIB) […] Lo que cuenta [en el PIB] no es la educación, la literatura o el arte, sino la producción de automóviles, incluidos los SUV [todoterreno]: he aquí la moderna medida del éxito económico y social.

Pues es que da la casualidad de que la industria que da de comer a la gran mayoría de las personas en Estados Unidos (y en la mayoría de los otros países del mundo donde se come) no es la educación, la literatura o el arte, sino los automóviles, entre otras muchas. ¿Cómo quiere el señor Galbraith que se mida el progreso económico entonces?

He aquí la paradoja. La palabra ‘trabajo’ abarca igualmene la labor de aquellos para quienes es agotador, aburrido y desagradable, y la de aquellos que no lo perciben como obligatorio y para los que constituye un placer evidente […] La palabra ‘trabajo’ describe algo que es obligatorio para unos y, al mismo tiempo, la fuente de prestigio y remuneración que otros disfrutan o buscan con vehemencia. Resulta evidente que utilizar el mismo término en ambos casos supone ya un fraude. Sin embargo, las cosas no terminan aquí. En la mayoría de los casos -y esto es algo que quiero subrayar- quienes más disfrutan del trabajo son casi siempre los mejor pagados […] La extensión y profundidad del fraude inherente a la palabra ‘trabajo’ resulta, pues, evidente; sin embargo, pocas veces es criticado o corregido en círculos académicos.

No entiendo muy bien el propósito de Galbraith con este pensamiento. Yo siempre había pensado que, en economía, trabajo es aquella actividad que genera un valor, independientemente de si disfrutas con ello o no. Podremos hablar de trabajo mejor o peor remunerado, trabajo más o menos interesante (algo subjetivo, por supuesto), trabajo más o menos cansado, … pero seguirá siendo trabajo. ¡Ahora resulta que sólo trabajan aquellos que están fuera de casa 12 ó 15 horas diarias haciendo tareas agotadoras que no les gusta! Los demás sólo nos divertimos. Mmmmm, me gustaría saber dónde estaría nuestra sociedad sin todos los que nos divertimos :-p

Que nadie lo ponga en duda: en cualquier empresa suficientemente grande, los accionistas, esto es, los propietarios, y sus supuestos representantes, los miembros del consejo de adminsitración, están subordinados por completo a la dirección. Aunque se ofrezca la impresión de que es el propietario quien detenta la autoridad, éste no tiene en realidad ningún poder. […] el poder corporativo reside en la dirección, una burocracia que controla sus tareas y decide su retribuciones.

En el mundo en que yo vivo, si al accionista no le gusta lo que ve, se lleva su dinero a otro sitio, desde el grande hasta el pequeño (para eso está la Bolsa de Valores). No conozco mejor forma de control y de poder que esa. ¿En qué mundo vive Galbraith?

El fraude tiene como punto de partida un hecho determinante y absolutamente evidente que, no obstante, es casi siempre pasado por alto: el comportamiento futuro de la economía, el paso de los buenos tiempos a la recesión o la depresión y viceversa, es imposible de predecir con exactitud […] la combinación final de lo desconocido no puede conocerse […] No obstante, en el mundo de la economía, y especialmente, en el de las finananzas, la predicción de lo desconocido e incognoscible constitutye una labor muy estimada y, con frecuencia, bien recompensada. Además, puede ser la base de una carrera lucrativa, aunqeu en la mayoría de los casos no lo sea por mucho tiempo.

Las pitonisas de barrio también claman que pueden ver tu futuro en el rey de bastos. Pero para cualquier persona que quiera verlo, es obivo que eso es imposible. Los que creen en palabras de “expertos” económicos que pretenden adivinar el futuro, lo hacen más por desesperación, comodidad o avaricia, o sea, porque quieren creerlo, no porque sean víctimas de un fraude.

El remedio universal para los malos resultados corporativos son: las reducciones enérgicas de plantilla, el despido de aquellos que menor responsabilidad tienen en los resultados. Cuanto mayor sea el número de trabajadores de los que se desprenda, mejores serán las perspectivas financieras de la empresa. Se trata de una acción cruel, pero decidida. Sin embargo, todo parece indicar que nadie es despedido o echado; en lugar de ello, lo que el sano reajuste hace es enviar a los ex trabajadores a disfrutar en sus hogares de la vida familiar y el tiempo libre, a completar su formación y mejorar sus aptitudes profesionales.

He aquí una de las partes más demagógicas de Galbraith. Nos guste o no, la nómina es uno de los rubros presupuestarios más pesados de las empresas. Cuando vienen mal dadas y las empresas necesitan liquidez, lo primero que hacen es dejar de gastar, es decir, lo que todos hacemos cuando nos quedamos sin ingresos, ¿o no?. En el fondo, lo que Galbraith propone es que nos traten a todos como a niños pequeños, es decir, las empresas deben cuidar de nosotros mientras estamos trabajando, aún a costa de su propia supervivencia, y el Estado debe hacerlo cuando nos jubilamos. ¿Cuándo asumiremos nuestras propias responsabilidades?

En las dos guerras mundiales se dio por hecho que, en términos de política exterior, las cuestiones militares eran decisivas […] En Alemania, los resultados del bombardeo estatégico de las industrias, los transportes y las ciudades, fueron decepcionantes. La guerra no acabó antes gracias a él […] Al final de la guerra fui uno de los directores de la investigación sobre los efectos de los bombardeos estratégicos estadounidenses, la USBUS […] Nuestras conclusiones fueron desechadas por el mando aéreo y sus aliados públicos y académicos.

No veo dónde está la relación de este fragmento y la economía del fraude. Más bien parece despecho de enamorado. Como Galbraith fue unos de los directores de la investigación y no se tuvo en cuenta su opinión, ahora viene a decirnos lo malos que son los militares, y que la guerra no terminó antes porque ellos no quisieron (!). Cuando menos, decir esto públicamente me parece una irresponsabilidad.

El único remedio fiable para la recesión es una demanda sostenida por parte de los consumidores.

Le tendrían que haber dado el Premio Novel. Según él, la bajada de tipos de interés no era la solución… ¿entonces cuál? Lamentablemente, nunca nos lo dijo. Creo que al final confió en nuestra madurez y responsabilidad, y decidió que mejor lo averigüáramos nosotros solitos 🙂

 

¿Y tú qué piensas? ¿Crees que Galbraith tenía razón? Por favor, opina dejando un comentario.

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7 Responses to “La economía del fraude inocente, de Galbraith”


  1. 1 Gelbreak noviembre 10, 2008 en 3:34 am

    “en general, social se mide hoy por el aumento de la producción total de bienes y servicios

    […]¿Cómo quiere el señor Galbraith que se mida el progreso económico entonces?”`

    Que apunte a lo social no es casualidad. Con el PIB no podemos medir el avance social de un país (vease EEUU y Cuba)

  2. 2 Jero Sánchez noviembre 10, 2008 en 6:08 am

    @Gelbreak:

    Tu aporte es muy interesante, porque creo que tu pensamiento es el mismo que el de otros muchos lectores de Galbraith, lo cual enriquece el debate.

    Tienes razón en que el avance social no se puede medir en términos económicos. Lo que sucede es que el PIB nunca se inventó para medir el avance social, sino el avance económico. Mi desacuerdo viene por lo siguiente: Galbraith es *economista*, su libro se titula “La *economía* del fraude inocente”, el PIB es un concepto *económico* para medir el avance de una *economía*, … ¿dónde ves tú el fraude? Medir progreso social con el PIB es como comparar peras con manzanas. Eso sí que me parece un fraude.

    Aún así, creo que el avance económico generalmente trae consigo también cierto avance social, aunque el mecanismo no esté exento de defectos, por supuesto. Yendo al ejemplo particular que mencionas, si lo que quieres es dar a enteder que Cuba está más avanzada socialmente que EEUU, permíteme que no esté de acuerdo contigo. El que los cubanos lean más que los estadounideses (lo cuál también es discutible), bueno, para mi no es necesariamente síntoma de avance social, ni siquiera es su cara más importante. Yo prefiero una sociedad que no lee porque no quiere, pensante y libre (al menos más que la cubana), que un pueblo lector, privado de la libertad de expresarse y de decidir lo que quiere leer.

    En cualquier caso, esta es mi opinión. El avance social siempre será algo subjetivo, y desde luego, nunca medible mediante un índice.

    Muchas gracias por tomarte la molestia de dejar tu punto de vista, y espero verte más veces por aquí 🙂

  3. 3 Pedro Robledo noviembre 10, 2008 en 3:51 pm

    Hola Jero,

    Te estaba escribiendo un comentario que me estaba quedando demasiado largo. Tan sólo te diré (de buen rollo) que me parece un auténtico despropósito lo que has redactado en este post.

    Desde luego me has dejado de una pieza 🙂

    Un saludo!

  4. 4 Jero Sánchez noviembre 10, 2008 en 4:13 pm

    @Pedro:

    En primer lugar quiero darte las gracias por tomarte la molestia de dejar tu comentario aquí.

    Es obvio que tenemos puntos de vista muy distintos. De hecho, no creo que seas el único en pensar así. Como dices tú, de buen rollo y sin ánimo de entrar en polémicas absurdas, me encantaría que en algún momento pudieras explicar por qué te parece un despropósito, ya sea aquí o por correo. Es pura curiosidad, de verdad. No espero hacerte cambiar de opinión, sólo quiero saber… y, por qué no, aprender 😉

  5. 5 Pedro Robledo noviembre 11, 2008 en 2:11 pm

    Hola Jero,

    No se trata de tener puntos de vista distintos. No hay nada que me guste más que una óptica distinta. El problema es la metodología. No es de recibo coger frases sueltas de un pensador y criticarlas. Eso ni es científico ni aporta nada.

    Lo mínimo es entender y profundizar mínimamente en el pensamiento de un autor antes de tacharle de “demagogo”. Criticar una frase o una idea descontextualizada totalmente del trabajo intelectual de un pensador es tan sencillo como inútil.

    El pensamiento de Galbraith es heredero de Keynes y tiene muchas aportaciones totalmente nuevas a la Ciencia Económica. Por otro lado, es opuesto a la escuela liberal. Esto es clave para entender qué nos está diciendo.

    Por poner un ejemplo: Simplemente en el primer párrafo que criticas preguntando por la originalidad de la idea demuestras que no entiendes lo que el autor quiere decir (no te ofendas; si lo entendieras sin haberte apoyado en el resto de sus textos y en otros textos de pensamientos opuestos serías un puñetero genio -sería un milagro, porque es imposible- ).

    Te has ido por los cerros de úbeda con el tema de la manipulación. Lo que Galbraith intenta con ese párrafo es derrumbar uno de los pilares del liberalismo económico: la soberanía del consumidor.

    Bueno, así podría seguir con el resto de párrafos. El problema es de metodología.

    Esto obviamente es mi opinión, y vale lo que vale 😉

    Por cierto, es un placer tenerte como lector.

    Un saludo!

  6. 6 man noviembre 11, 2008 en 2:52 pm

    Mira me gusta la forma como desmenuzas a este escritor muchas de las cosas que plantea son un poco contradictorias ya que el mundo actual funciona de acuerdo a productividad ganancias versus inversión, ahora en cuanto al problema de despedir un empleado porque necesito mas liquidez, ahora mismo al final del año tengo que tomar una decisión con los empleados que tengo debo despedir dos ya que necesito obtener mas ingresos y hacer que me rindan mas los que tengo es decir que el trabajo aumentaría con menos empleados y mis ganancias cubrirían mis nuevas in versiones de la empresa. Que harías en mi lugar, y te digo que es realmente cierto sobre lo que debo hacer.

    saludos

  7. 7 Jero Sánchez noviembre 11, 2008 en 6:15 pm

    @Pedro:

    Claro que no me ofendo, no te preocupes 😉

    Mi artículo es el resultado de la lectura del tuyo, no de la lectura de la obra completa de Galbraith. Como dices, es posible que si leo más de su obra cambie algunas de mis opiniones. De hecho, gracia a tu artículo ya he engordado mi lista de libros para leer.

    Gracias por haber regresado y tomarte la molestia (de nuevo) de responder. Y de nada, el placer de leer tu blog es todo mío.

    @man

    Creo que al empresario no debe temblarle la mano para despedir cuando llega el momento, pero ¡cuidado! Antes de hacerlo debe asegurarse de que no hay otra forma de solucionar el problema. El despido, por su impacto social y humano, debería ser la última opción.

    Por lo que cuentas, parece que en tu caso el despido es el mal menor: si no lo haces ahora, puedes encontrarte cerrando tu empresa unos meses después, y entonces no se verían afectadas 2 personas, sino muchas más.

    Bueno, esta es mi opinión de amigo NO experto. Muchas gracias por pasarte por aquí y dejar tu comentario. Ojalá te sigamos viendo 🙂


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