Adquiere nuevos hábitos sin traumas

El objetivo de este blog es explorar cómo puedes simplificar tu vida, ser más productivo y vivir sin preocupaciones ni estrés, es decir, vivir feliz. Pero nada de eso se consigue sin realizar cambios en tu vida, en tus hábitos. Dejar de fumar, ahorrar, irte a dormir y levantarte más temprano, comer sano. Seguro que no es la primera vez que intentas estos cambios, ¿verdad? La pregunta es: ¿por qué es tan difícil cambiar de hábitos?

La respuesta: porque la mayoría de las personas no saben cómo hacerlo. A continuación te ofrezco algunos consejos para iniciar un cambio de hábitos sin traumas, que seguro te van a funcionar:

Sé consciente de las recompensas. Ante todo debes estar convencido de que quieres realizar el cambio. Por ello, antes de decidir que quieres cambiar un hábito tienes que ser consciente de las ventajas que te va a aportar, ya sea por lo que traerá a tu nueva vida (una nueva habilidad, bienestar),  o por lo que desaparecerá definitivamente (deudas, frustración, estrés).

Haz una lista de todas las cosas buenas que te aportará el nuevo hábito y repásala todos los días mientras lo estés desarrollando (ver la regla de los 30 días más adelante). Además de ser un buen elemento motivador, te convencerá cada día más de que lo que estás haciendo vale la pena.

Ve despacio, 2-3 hábitos al mismo tiempo. La sabiduría popular ya lo dice: “el que mucho abarca, poco aprieta”. Y este aforismo también es válido para desarrollar un nuevo hábito. Si tratas de adquirir muchos hábitos al mismo tiempo tu energía se dispersará y abandonarás el intento rápidamente. Para cambiar un hábito es necesario que estés en permanente estado de concentración en lo que haces (o dejas de hacer) mientras estás tratando de desarrollarlo, y eso es imposible cuando tienes que atender varios frentes simultaneamente. A ser posible, intenta un sólo hábito a la vez.

Por supuesto, hay excepciones. Por ejemplo, para adquirir la costumbre de lavarte los dientes 3 veces al día, hacer ejercicio 20 minutos por la mañana o leer 1 hora diaria, sólo requieres de ciertos momentos de máxima concentración, relativamente breves, y el resto del tiempo te puedes olvidar del asunto. Otras veces el hábito sólo tiene sentido en un contexto determinado, como por ejemplo conducir despacio cuando vas en el coche, lo que no te obliga a estar pensando en ello todo el tiempo. En casos como estos puedes intentar el desarrollo de varios hábitos al mismo tiempo, pero te aconsejo que nunca sean más de 2 o 3, o corres el riesgo de cansarte y abandonar.

Añade el nuevo hábito a una rutina que ya tengas establecida. A veces fallamos en cambiar un hábito simplemente porque se nos olvida realizarlo, precisamente por la falta de costumbre. Por ejemplo, beber 2 litros de agua al día.

He comprobado que resulta mucho más fácil si llevas a cabo el nuevo hábito junto con otros hábitos que ya sean rutina para tí. Si te resulta difícil acordarte de tomar agua a lo largo de la mañana o la tarde, bebe agua sólo en el desayuno, la comida y la cena, que ya son rutinarios, hasta que tomar agua sea natural para tí.

Utiliza la regla de los 30 días. Debes practicar el nuevo hábito al menos durante 30 días seguidos, con todas tus energías puestas en ello. Está comprobado que la repetición sistemática crea el hábito. Transcurridos esos 30 días (día más o día menos) el hábito habrá pasado a formar parte de tus rutinas automáticas, y lo harás sin necesidad de tener que pensar.

A veces 30 días no son suficientes para que un hábito se “adhiera” a nosotros. Generalmente, ello no es debido a un fallo en la regla de los 30 días, sino más bien a que no deseamos realmente adquirir el nuevo hábito, o a que no somos capaces de ver claramente los beneficios que conllevará. Si ese es tu caso, revisa si realmente quieres el nuevo hábito, o trabaja más en el primer punto.

Sé constante, no permitas excepciones. Al menos durante los 30 días iniciales procura que no haya excepciones, o tendrás la sensación de haber perdido lo ganado, y en ocasiones incluso tendrás que volver a empezar. En cualquier caso, todos somos humanos y tenemos derecho a fallar; pero fallar dos veces seguidas sólo depende de tí.

Asegúrate de sustituir las necesidades perdidas. Uno de los principales causantes de que la gente abandone los intentos de desarrollar nuevos hábitos es que, con el cambio, dejan de cubrir una o varias necesidades. Por ejemplo, dejar de tomar café puede significar dejar de socializar a media mañana con tus compañeros de la oficina, o dejar de sentir ese estimulante olor cuando te despiertas por la mañana, o no poder calentarte las manos con una taza bien caliente.

Antes de iniciar un cambio de hábito piensa cuáles de tus necesidades pueden verse afectadas, y cómo las vas a compensar. Cada necesidad requiere de una estrategia diferente. Tener un plan para sustituir esas necesidades puede significar la diferencia entre rendirte antes de 48 horas, o llegar al final de los 30 días sin apenas haberte dado cuenta.

Registra el avance y prémiate. Durante el período inicial registra los avances que vas consiguiendo. Ello te motivará y te convencerá de que sí eres capaz de conseguirlo. Cada vez que des un paso significativo adelante, prémiate haciendo algo que te encanta y que normalmente no haces, como por ejemplo comprarte un libro o salir a cenar a tu restaurante favorito.

Ponte retos atractivos que parezcan imposibles. Mucha gente se motiva fijándose retos que parecen imposibles para ver si son capaces de conseguirlo. Por ejemplo, el experto en desarrollo personal Steve Pavlina se propuso hacer al menos 20 minutos de ejercicio todos los días durante un año. Cualquiera que se proponga algo así pensaría que es imposible, que las circunstancias nos harán fallar en algún momento.

La motivación fue tan grande para Steve que incluso un día que llego resfriado a las 2 AM a su casa, de todos modos salió a correr 20 minutos. Por supuesto, finalmente consiguió hacer 20 minutos de ejercicio durante 365 días seguidos, y ahora hace ejercicio regularmente.

Comprométete públicamente. El compromiso público es muy poderoso. A veces no nos importa fallarnos a nosotros mismos, pero fallarle a los demás es tan “vergonzoso” que hacemos lo imposible por cumplir. Cuando vayas a cambiar un hábito díselo a tus amigos y familiares, o escríbelo en tu blog. La presión positiva de “tu público” te impulsará y te ayudará a no relajarte tan fácilmente.

¿Has intentado alguno de estos trucos para cambiar de hábitos? ¿Qué otros trucos conoces? Cuéntanos tu experiencia al respecto en un comentario.

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