Alcanza tus objetivos en 5 sencillos pasos

Es imposible controlar nuestra vida si no somos capaces de alcanzar los objetivos que nos proponemos. A veces ni siquiera sabemos exactamente qué es lo que queremos alcanzar. Otras veces sí sabemos lo que queremos, pero empezamos sin un plan concreto que nos vaya guiando. Ir a la deriva, sin objetivos claros o sin tener planes bien definidos, no sólo impide que controlemos nuestra vida, sino que genera muchísimo estrés.

Ya sea para perder peso, llegar a correr una maratón o crear un fondo de contingencia para gastos inesperados, siempre deberás seguir estos 5 sencillos pasos:

Paso #1. Define tu objetivo detalladamente

Imagínate que mandas a tu hijo a comprar fruta al mercado para hacer un delicioso banana-split, pero no le dices qué fruta comprar. Si tienes suerte y a tu hijo le encantan los plátanos, es posible que termines comiendo tu banana-split. Si no, lo más probable es que tengas que hacer una ensalada de frutas. ¿Qué es lo que ha fallado? No fuiste lo suficientemente específico a la hora de hacer el encargo.

Es lo que le sucede a la mayoría de la gente que se marca objetivos del tipo “quiero ser rico”, o “quiero comprarme una casa”. ¿Qué es ser rico? ¿Ganar 3.000 EUR al mes, tener 2 millones en el banco, ser dueño de 50 casas? ¿Qué tipo de casa quieres? ¿1 o 2 plantas, con piscina, 4 o 5 habitaciones?

Para cada persona, esas afirmaciones genéricas significan cosas distintas. Si no especificas con todo lujo de detalles tu objetivo puedes terminar teniendo algo que no querías, o lo que es peor, no podrás medir el progreso realizado y nunca sabrás si ya lo has alcanzado.

Definir tu objetivo es como decidir a dónde quieres ir de vacaciones. No es lo mismo decir que quieres ir al norte de España, que a La Coruña o a Santander. Ambas ciudades están en el norte de España, pero definitivamente son destinos muy distintos. Incluso eso no es suficiente… ¿irás a la playa o a la montaña? ¿te alojarás en un hotel o alquilarás un apartamento? ¿viajarás en coche o avión?

Cuanto mejor definas tu objetivo, más oportunidades tendrás de conseguir lo que realmente quieres.

Paso #2. Define objetivos intermedios, medibles y alcanzables

Tratar de alcanzar el objetivo final en un solo paso en la mayoría de las ocasiones es imposible. Generalmente nos fijamos objetivos a largo plazo para los que todavía no estamos preparados, por lo que tratar de alcanzarlos rápidamente sólo nos producirá frustración y terminaremos abandonando.

Cuando inicias un viaje largo no buscas inmediatamente una señal que te indique donde está el destino final. En lugar de ello te diriges a una población más o menos próxima que sabes está en el camino. Te concentras en llegar a ese lugar cercano, “olvidándote” momentáneamente del destino final. Una vez alcanzado ese primer hito, buscas una segunda población intermedia, y repites el proceso hasta llegar al destino.

Eso es exactamente lo que debes hacer cuando definas la “ruta” hacia tu objetivo. Debes definir objetivos intermedios alcanzables con un nivel de esfuerzo que sea razonable, de forma que cada vez te aproximen más a tu objetivo final. Si la dificultad para alcanzar un objetivo intermedio es demasiado alta, corres el riesgo de frustrarte y abandonar. Igualmente, si no es un objetivo medible, no podrás saber cuándo lo has alcanzado y cuándo debes dirigirte al siguiente.

Te recomiendo que a la hora de definir los objetivos intermedios empieces desde el final y vayas recorriendo el camino hacia el principio, es decir, empieza definiendo el objetivo inmediatamente anterior al objetivo final y termina en la situación actual. Ello te ayudará a no desviarte del camino.

Igualmente, define siempre el plazo de tiempo para alcanzar cada objetivo intermedio, si es que quieres alcanzar tu objetivo final en un plazo de tiempo razonable.

Paso #3. Pon tu plan por escrito

Una vez definido lo que quieres alcanzar con todo lujo de detalles, ¡escríbelo! Da igual si es en un cuaderno, en la computadora o en tu PDA, pero escríbelo ya. No lo dejes para después o no lo harás nunca.

Escribir el objetivo final y los objetivos intermedios tiene un efecto psicológico muy importante. Además de que te obliga a pensar detenidamente sobre lo que quieres, crea una especie de vínculo entre tu objetivo y tú, reforzando el compromiso de alcanzarlo.

Además, si no tienes un plan por escrito será muy difícil darle seguimiento.

Paso #4. Ponte en marcha ¡ya!

Un plan escrito no son más que buenas intenciones. Debes pasar a la acción inmediatamente para que las cosas sucedan.

Si has elegido un buen primer objetivo intermedio, es decir, si es alcanzable y medible, será fácil decidir qué debes hacer o por dónde tienes que empezar. Por ejemplo, si vas a iniciar un viaje en coche y tu primer objetivo es llegar a Segovia, primero deberás echarle gasolina al coche, preparar la maleta, identificar la autopista que deberás tomar, etc. Normalmente, estas serán actividades de poca dificultad. Enfocarte en las actividades del momento te ayudará a no agobiarte con la inmensidad del objetivo final, que ves lejano e inalcanzable, y al mismo tiempo te acercará un pasito más.

Según vayas cubriendo tus objetivos intermedios ganarás confianza y motivación. Pero ten en cuenta que el camino no estará libre de obstáculos. Por ejemplo, si nunca has cambiado una rueda, tendrás que aprender a usar el gato y cambiarla si se pincha.

A veces, el siguiente paso de tu plan requerirá lo que los expertos denominan salirse de la “zona de confort”, es decir, hacer cosas que nunca has hecho o que no son naturales para tí. Es algo que tendrás que aprender a hacer si quieres alcanzar tus objetivos. Piensa que cada vez que realizas algo nuevo estás creciendo personalmente y te acerca cada vez más a tu objetivo final. Como en el ejemplo anterior, si se avecina una situación que te obligará a salirte de tu zona de confort, trata de capacitarte primero.

Con el tiempo, las cosas nuevas que ahora te parecen difíciles se te harán naturales, y pasarán a formar parte de tu zona de confort.

Paso #5. Revisa tu objetivo periódicamente

Aquí es donde resulta de vital importancia haber puesto por escrito objetivos medibles. ¿Qué pasa si una vez iniciado el viaje ya no vuelves a mirar el mapa ni las indicaciones del camino? Es muy probable que te pases algún desvío y termines en un sitio completamente distinto al que esperabas. Lo lógico es que revises dónde estás cada cierto número de kilómetros, o cada vez que llegues a un desvío. Si te has pasado un desvío, puedes volver a tomar la ruta original rápidamente; si se hace tarde para llegar a la siguiente población, puedes corregir el tiempo de llegada final, o tomar otras vías alternativas más rápidas.

Es necesario que cada cierto tiempo revises tu plan: dónde estás, dónde deberías estar, por qué no se están cumpliendo las previsiones, qué factores nuevos han aparecido, etc., y que con todo ello realices los cambios que estimes oportunos a tu plan y los escribas.

Es normal que tu objetivo final cambie para adaptarse a nuevas prioridades o deseos. Tan sólo actualiza tu plan y sigue adelante.

 

¿Utilizas algún método similar a este para definir y dar seguimiento a tus objetivos? Comparte tus experiencias con nosotros dejando un comentario.

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